La imprenta de dinero es un término que describe los esfuerzos de los bancos centrales y los gobiernos para aumentar la oferta monetaria mediante recortes de tipos de interés, inyecciones de liquidez y estímulos fiscales. Estas medidas, conocidas como políticas monetarias expansivas, buscan impulsar el crecimiento económico. Sin embargo, una consecuencia habitual es la inflación persistente, que erosiona el valor real de los ahorros y distorsiona los mercados financieros.
En este artículo exploraremos los mecanismos de expansión, sus efectos en distintos activos financieros y las estrategias para proteger tu patrimonio en 2026, año clave por la anticipated dirección de la Fed bajo un nuevo presidente.
Cuando los bancos centrales deciden imprimir dinero, no están literalmente imprimiendo billetes a gran escala, sino inyectando liquidez al sistema bancario. Lo hacen comprando deuda gubernamental y activos financieros, reduciendo así la base monetaria que los bancos deben mantener en reservas.
Este proceso genera más crédito disponible para hogares y empresas, desincentiva el ahorro conservador y promueve el consumo y la inversión. El objetivo es evitar recesiones profundas, pero la contrapartida es un incremento de la inflación si la demanda crece más rápido que la oferta de bienes y servicios.
Las políticas procíclicas combinan expansiones fiscales con recortes de tipos. Un ejemplo reciente proyectado para 2026 es la administración de la Fed alineada con Trump, que priorizaría bajadas de tipos de interés y estímulos para mantener el crecimiento por encima de la capacidad productiva.
Estos estímulos incluyen:
Si bien inicialmente impulsan el crecimiento, generan presiones inflacionarias que se traducen en subidas salariales, mayores costes de producción y, a largo plazo, en un alza de los rendimientos exigidos por los inversores.
Inflación y política monetaria tienen impactos diversos según el tipo de inversión. A continuación se presenta una tabla comparativa:
Además, otros activos como el oro actúan como refugio ante la insostenibilidad del sistema monetario, mientras que la renta fija argentina y deuda local emergente ofrecen rendimientos atractivos gracias a primas de riesgo elevadas.
Podemos anticipar cuatro posibles combinaciones de crecimiento e inflación para el próximo año. Cada inversor debe preparar su cartera según el escenario más probable:
La clave es diversificar geográficamente y tactar posiciones según el indicador que dé señales de cambio temprano: tasa de desempleo, PMI manufacturero y variación salarial.
Ante la erosión del poder adquisitivo, mantener el dinero en cuentas de ahorro tradicionales significa perder valor real. Estas estrategias ayudan a defender tus ahorros:
Para 2026 se proyecta que la inflación global vuelva a niveles objetivos (~2%), aunque con desequilibrios: EE. UU. podría tardar más en converger y la eurozona vería una moderación más rápida.
Los riesgos incluyen políticas procíclicas prolongadas, tensiones geopolíticas y cuellos de botella en cadenas de suministro. Sin embargo, la recuperación post-2025 puede favorecer a mercados emergentes exportadores de materias primas e impulsar innovaciones en IA y energías renovables.
En definitiva, entender cómo la imprenta de dinero moldea los precios de los activos es fundamental para construir una cartera resiliente, adaptada a distintos ciclos económicos y preparada para maximizar oportunidades mientras se mitigan riesgos.
Referencias