La convergencia entre sistemas de operación (OT) y tecnologías de información (TI) ha impulsado una revolución en la producción industrial. Sin embargo, este avance trae consigo amenazas cada vez más sofisticadas que ponen en riesgo la continuidad de procesos críticos. Para 2026, organizaciones de todo el mundo deberán adaptarse a un entorno donde ataques automatizados impulsados por IA y brechas en la cadena de suministro industrial son la norma.
Las infraestructuras OT presentan características únicas: equipos con ciclos de vida extensos, protocolos propietarios y requerimientos de disponibilidad constante. Esa complejidad crea puntos ciegos difíciles de monitorizar y multiplica los vectores de ataque. Además, la madurez desigual de las organizaciones agrava el problema, con pymes que aún dependen de soluciones fragmentadas sin visibilidad centralizada.
La escasez de talento agrava la situación. Se estima que existen más de 3,5 millones de vacantes globales sin cubrir, y la demanda crece un 25% anual. Sin profesionales especializados, resulta casi imposible mantener un SOC 24x7 o implementar prácticas robustas de Zero Trust.
La inteligencia artificial generativa está transformando el panorama de ataque. Malware capaz de modificar su propio código, extorsión industrial más sofisticada y campañas automatizadas convierten los incidentes en procesos continuos. Según ISACA, el 63% de los profesionales identifica la ingeniería social como principal amenaza, reforzada ahora por chatbots maliciosos que engañan a personal de operaciones.
Paralelamente, la presión geopolítica alimenta la sofisticación de las APTs. Conflictos globales elevan el riesgo de espionaje y sabotaje, y el 55,8% de empresas españolas reporta mayor exposición debido a factores internacionales. A la par, la era cuántica se asoma: el estándar RSA/ECC quedará obsoleto antes de 2030, exigiendo planes de migración inmediata.
El aumento de incidentes industriales es alarmante: el ransomware está presente en el 44% de las filtraciones, y la explotación de vulnerabilidades ha escalado al 34%. El uso de VPN o periféricos remotos mal configurados se multiplicó por ocho, alcanzando el 22% de brechas. A nivel global, solo el 6% de organizaciones se sienten "muy capaces" de afrontar todas las vulnerabilidades, mientras que el 60% planea incrementar su inversión en ciberseguridad.
El ecosistema regulatorio evoluciona para impulsar la resiliencia. Normativas como NIS2, DORA y el Cyber Resilience Act exigen a las organizaciones industriales establecer planes de respuesta y continuidad robustos. Sin embargo, muchas empresas, especialmente pymes, desconocen sus obligaciones y carecen de recursos para adaptar sus procesos.
En España, la adopción de ISO 27001 y el Esquema Nacional de Seguridad (ENS) sigue siendo desigual. El SG2CI, marco operativo del CCI, promueve el rol del ICSO (Industrial Chief Security Officer) como encargado de coordinar la ciberseguridad OT y acelerar la profesionalización de la gestión de riesgos.
La cadena de suministro es el eslabón más débil: el 72% de ejecutivos reporta mayor exposición a través de terceros. La falta de transparencia entre proveedores y clientes dificulta la evaluación de riesgos y fomenta prácticas descoordinadas. La solución radica en establecer requisitos graduales de seguridad y auditorías conjuntas.
Construir ciberresiliencia medible y accionable es clave. Integrar la seguridad desde el diseño, aplicar Zero Trust y combinar automatización con supervisión humana reduce la ventana de exposición. Las soluciones MDR/XDR/SASE, junto a SOC 24x7, garantizan detección y respuesta temprana.
La formación continua del personal OT y TI es esencial. Programas de capacitación específicos y ejercicios de simulación crean una cultura de conciencia que mitiga el error humano, responsable de un alto porcentaje de incidentes. La colaboración en comunidades como la comunidad del Centro de Ciberseguridad Industrial facilita el intercambio de buenas prácticas y lecciones aprendidas.
En 2025, el CCI consolidará plataformas como MACIN para medir la madurez de ciberresiliencia en entornos OT. Se establecerán indicadores clave que permitirán comparaciones sectoriales y rankings de riesgo.
Para 2026, el enfoque se centrará en la ciberresiliencia compartida de la cadena de suministro. Se publicarán estudios sectoriales, escenarios de prueba y marcos prácticos que abarquen fases de prevención, detección y recuperación. La expansión de la comunidad internacional y el refuerzo de la figura del ICSO serán prioritarios.
La protección de la producción industrial exige una visión integral y colaborativa. Solo a través de estrategias colaborativas con proveedores y clientes, inversión constante y un enfoque regulatorio proactivo se podrá alcanzar un nivel adecuado de resiliencia. La hora de actuar es ahora: medir, mejorar y compartir conocimientos será la mejor defensa contra la creciente ola de amenazas cibernéticas.
Referencias