La descarbonización consiste en reemplazar gradualmente los combustibles fósiles por fuentes limpias, reduciendo al máximo las emisiones de gases de efecto invernadero y asegurando un mañana habitable para las próximas generaciones.
Más allá de un objetivo climático, esta meta supone una ventana de innovación sin precedentes, que impulsa la competitividad y genera empleo local, a la vez que mejora la salud de nuestras ciudades.
La capacidad renovable mundial se multiplicará por 2,7 antes de 2030, liderada por la solar fotovoltaica y la eólica. Estos avances aceleran la transición progresiva hacia energías limpias con costes cada vez más competitivos.
El Hydrogen Council proyecta un aumento de la demanda global de hidrógeno desde 90 Mt actuales hasta cerca de 660 Mt en 2050, impulsando su rol estratégico como vector de descarbonización industrial y del transporte de larga distancia.
En Europa se espera una reducción del 30% en la demanda final de energía y una caída del 65% en la dependencia de importaciones de combustibles, reforzando la autonomía comunitaria.
En España la potencia instalada roza los 32 GW en solar fotovoltaica y 31 GW en eólica terrestre, marcando un punto de inflexión en la matriz energética nacional.
El principal reto es integrar millones de megavatios autorizados que aún no se conectan a la red, gestionar la variabilidad y garantizar la estabilidad a largo plazo.
Para ello, se acelera la repotenciación de parques existentes, el desarrollo offshore y la digitalización de infraestructuras para una gestión eficiente de la red energética.
Las ventas de vehículos eléctricos crecen a doble dígito, impulsadas por el Plan MOVES y una oferta cada vez más diversa. Esto contribuye a una drástica reducción de emisiones urbanas.
La red de recarga pública asciende a casi 50.000 puntos, aunque la distribución sigue siendo desigual. La meta para 2026 es dotar de infraestructuras homologadas a todos los municipios de más de 5.000 habitantes.
La electrificación de flotas corporativas y autobuses interurbanos se perfila como factor determinante para mejorar la calidad del aire y reducir la huella de carbono.
La aviación incorpora desde 2025 al menos un 2% de combustibles sostenibles (SAF), porcentaje que aumentará progresivamente. Este cambio representa un gran paso hacia la descarbonización del transporte aéreo.
El biometano cuenta con un potencial técnico que podría cubrir hasta el 40% de la demanda nacional de gas natural, posicionándose como un vector inmediato y seguro para la transición energética.
Se proyecta que el hidrógeno represente entre el 10% y el 12% del consumo final de energía en la UE para 2050. Su distribución en mezcla con gas facilitará una transición progresiva hacia energías limpias.
Reutilizar infraestructuras gasistas existentes permitirá descarbonizar industrias intensivas y transporte pesado con menor inversión inicial y mayor rapidez de implementación.
Para alcanzar una economía neutra en carbono, es imprescindible desplegar un conjunto de tácticas coordinadas que impulsen la generación, el consumo y la eficiencia.
Aunque existen avances sobresalientes, el camino hacia la neutralidad enfrenta obstáculos que requieren innovación y colaboración público-privada.
Ante este escenario, las ventajas son múltiples y abarcan dimensiones económicas, sociales e industriales, ofreciendo un modelo de progreso sostenible.
La descarbonización es un desafío colectivo que exige visión a largo plazo y voluntad política, pero también ofrece una oportunidad histórica para redefinir nuestro crecimiento y legado.
Cada actor—gobiernos, empresas y ciudadanos—tiene un papel decisivo. Al unir esfuerzos, podremos construir un sistema energético resiliente, justo y respetuoso con el planeta.
El futuro está en nuestras manos: es momento de acelerar la transición y aprovechar el potencial ilimitado de las energías renovables para forjar un mañana próspero y limpio.
Referencias