La caída del peso de las actividades manufactureras en la economía global trasciende la simple pérdida de empleos. Representa un desafío profundo para la recuperación de cadenas de valor, la innovación y la autonomía estratégica de naciones enteras. Comprender sus causas, evidencias y soluciones resulta esencial para diseñar políticas efectivas y construir un futuro industrial sostenible.
La desindustrialización se define como la pérdida relativa y absoluta de la industria manufacturera en el PIB y el empleo de una economía. No es solo un crecimiento más lento, sino una desindustrialización real y sostenida que transforma el tejido productivo y la estructura social.
Entre las causas históricas más relevantes destacan:
En Europa, esta dinámica generó una polarización regional en Europa mediterránea, con centros industriales en el este y una notable desindustrialización en países como España, Grecia e Italia.
Desde principios del siglo XXI, los miembros del G7 han experimentado una merma de su participación en el valor añadido manufacturero global. Los datos revelan una caída de cuotas nacionales en producción que no se explica solo por el crecimiento de servicios, sino por un declive estructural en la industria.
Este fenómeno se traduce en:
Este desajuste ha provocado una disminución rápida del empleo manufacturero y una creciente percepción de autonomía estratégica frente a competidores.
Las proyecciones del FMI y del Banco Mundial para 2026 apuntan a un crecimiento moderado y desigual:
Estos datos anticipan un futuro donde la autonomía estratégica frente a competidores será clave para mantener la resiliencia y la seguridad económica.
Aunque el diagnóstico es complejo, existen vías para revertir tendencias y fortalecer la industria:
Estos enfoques pueden generar un incremento del PIB industrial entre un 10% y un 20%, además de crear más de 1,5 millones de empleos en la península ibérica para 2030.
La desindustrialización no es un destino inevitable, sino un llamado a la acción. Implica repensar modelos, invertir en innovación y fomentar alianzas público-privadas. Solo así se podrá recuperar resiliencia y competitividad global, asegurando un futuro sostenible y próspero para las próximas generaciones.
El reto es mayúsculo, pero la historia demuestra que las transformaciones profundas nacen de crisis gestionadas con visión estratégica y compromiso colectivo.
Referencias