En un mundo interconectado por flujos financieros y decisiones de política económica, el dilema del Triffin representa un desafío persistente que afecta tanto a emisores de moneda como a toda la comunidad global. Comprender este conflicto es esencial para diseñar estrategias que equilibren la provisión de liquidez internacional y la confianza en la moneda de reserva. A través de un recorrido histórico, análisis de sus implicaciones y propuestas prácticas, este artículo invita a reflexionar sobre cómo enfrentar esta tensión de manera constructiva.
Robert Triffin, economista belga-estadounidense Robert Triffin, observó en los años cincuenta la fragilidad inherente al sistema de Bretton Woods. Tras la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos emergió con vastas reservas de oro y una producción industrial dominante.
El sistema ligado al oro establecía que cada dólar podía convertirse a 35 dólares por onza de oro, mientras las demás monedas se anclaban al dólar. Con la reconstrucción de Europa y Asia, la demanda de dólares creció de forma exponencial, superando la capacidad real de conversión.
En esencia, el dilema enfrenta dos exigencias contradictorias para el país emisor de la moneda de reserva:
Si la emisión se reduce, el sistema sufre escasez de liquidez, frenos al comercio y presiones deflacionarias. Si se expande sin límite, aumenta la incertidumbre sobre la capacidad de honrar compromisos, desencadenando salidas de capital y crisis monetarias.
Durante las décadas de los cincuenta y sesenta, las reservas de oro de Estados Unidos disminuyeron en proporción al volumen de dólares emitidos hacia el exterior. Pronto emergió un sobrehang de dólares sin respaldo suficiente, que socavó la paridad oficial de 35 dólares por onza.
Ante la creciente presión, EE. UU. intentó mecanismos de estabilización como el London Gold Pool, pero la brecha entre pasivos y reservas de oro seguía ampliándose. Finalmente, en 1971, el presidente Nixon suspendió la convertibilidad del dólar en oro, marcando el fin de Bretton Woods y el inicio de un sistema completamente fiduciario.
Tras 1971, el dólar dejó de estar vinculado al oro pero conservó su posición dominante como moneda de reserva y unidad de cuenta en comercio y finanzas. La emisión de bonos del Tesoro norteamericano se convirtió en la principal fuente de liquidez global.
El país emisor ya no ofrece un activo físico de respaldo, sino la promesa de estabilidad en el valor real de sus pasivos, respaldada por política monetaria con disciplina fiscal y la profunda liquidez de sus mercados financieros.
El dilema del Triffin trasciende las fronteras del emisor y condiciona el diseño del sistema monetario internacional en su conjunto. La economía mundial queda sujeta a las decisiones internas de un solo país, creando asimetrías y dependencias.
En fases de expansión, el exceso de liquidez fomenta el crédito y la especulación, mientras que en momentos de aversión al riesgo se produce un "flight to quality" hacia activos estadounidenses, generando tensiones en economías emergentes y shocks de liquidez en mercados periféricos.
Superar el dilema requiere innovación multilateral, diversificación de activos de reserva y fortalecimiento institucional. Es fundamental que los actores globales colaboren para diseñar mecanismos que reduzcan la dependencia de una sola moneda.
Al combinar estas estrategias con una gobernanza global más inclusiva, es posible mitigar las tensiones entre liquidez y confianza. Solo así construiremos un marco estable que potencie el crecimiento sostenible y la cooperación internacional, superando los retos del pasado y las incertidumbres del futuro.
Referencias