En un mundo caracterizado por cambios acelerados en la tecnología financiera, los bancos centrales enfrentan el reto de preservar la relevancia del dinero público mientras navegan las olas de innovación y disrupción.
Este artículo explora las tendencias clave de 2025-2026, desde las monedas digitales de banco central hasta la presión de las fintech y la inteligencia artificial, ofreciendo un panorama completo y consejos prácticos para adaptarse.
El interés por las monedas digitales de banco central (CBDCs) ha crecido exponencialmente en los últimos años. Según una encuesta de 2024, el 91% de los bancos centrales estudia emitir CBDCs minoristas, mayoristas o ambos. Este impulso responde a la necesidad de modernizar los sistemas de pago y garantizar que el dinero de curso legal no pierda protagonismo ante criptomonedas y stablecoins.
Más de un tercio de estas instituciones han acelerado sus proyectos debido a la competencia de las stablecoins y los criptoactivos. Además, el 87,2% de 39 bancos centrales ha incorporado la transformación digital y los pagos al centro de sus planes estratégicos para 2025.
La adopción de CBDCs promete:
En conjunto, estos avances representan una nueva era para la liquidez global y fortalecen la confianza en el sistema monetario público.
Las stablecoins y la tokenización de activos reales se han convertido en pilares de la economía digital emergente. Gracias a estos instrumentos, las transacciones transfronterizas, la custodia y los pagos se realizan de forma más eficiente y accesible.
Sin embargo, el riesgo de desplazamiento de valor hacia alternativas off-bank es real: se estima que hasta 13 billones de dólares podrían migrar antes de 2030, con una pérdida de 13.000 millones en comisiones bancarias.
El marco regulatorio se adapta rápidamente. En Estados Unidos, la GENIUS Act definirá reglas para pagos programables y economía tokenizada, vigentes a partir de enero de 2027.
Ante este panorama, las entidades financieras preparan pilotos que incluyan:
Las fuentes tradicionales de ingresos bancarios—depósitos y préstamos—representan dos tercios de sus ganancias globales, pero enfrentan una competencia feroz de fintech, crédito privado y algoritmos de optimización financiera.
Se calcula que 22% de la renta antes de impuestos de los bancos de EE.UU. está en riesgo por la volatilidad de tipos. Para defender su posición, las entidades deben:
La adaptabilidad y la colaboración público-privada se perfilan como armas críticas para mantener la rentabilidad.
El aprovechamiento de la inteligencia artificial y la gestión centralizada de datos son ejes esenciales para la resiliencia de bancos centrales y comerciales.
El 50% de las autoridades monetarias aún carece de recolección de datos integrada. Sin embargo, la adopción de nubes pública, privada e híbrida alcanza el 90%, y la implementación de IA para riesgos y análisis crece vertiginosamente.
En el sector privado, las entidades destinan en promedio el 2,8% de ingresos operativos a proyectos digitales y el 5,2% de su plantilla a iniciativas tecnológicas. El reto es escalar estas inversiones y superar barreras de legado.
El entorno regulatorio se reconfigura a gran velocidad. En EE.UU., se aprobaron 18 nuevas licencias bancarias en 2025 y la Comisión de Bolsa y Valores (CFTC) fortalece su supervisión de activos digitales.
A nivel global, el 79,5% de los bancos centrales prioriza regulación de innovación y el 66,7% aborda riesgos cibernéticos y de datos.
Con una inflación en torno al 3,2% y un tipo de interés de referencia en 3,125% en 2026, los bancos centrales equilibran estímulos y disciplina monetaria. Se espera que los bancos digitales generen ingresos por interés neto de US$1,66 billones a nivel mundial ese año.
Las instituciones invierten en talento especializado y colaboran con proveedores tecnológicos (por ejemplo, Nasdaq Calypso) para reforzar sistemas de reserva y liquidación.
La fragmentación de datos y los sistemas legacy siguen siendo obstáculos, pero la adopción de metodologías ágiles y flexibles impulsa la transformación cultural necesaria.
El futuro de la banca central descansa en un equilibrio delicado: innovar sin perder la solidez institucional. Para navegar esta transición, es clave:
Solo así se logrará un ecosistema financiero más rápido, inclusivo y resiliente, capaz de hacer frente a las demandas de la era digital.
Referencias