Estamos ante un punto de inflexión histórico donde la economía global se redefine. La resiliencia empresarial y adaptación a riesgos serán fundamentales para navegar la próxima década. Mientras las viejas reglas de la globalización se reconfiguran, emergen nuevos equilibrios marcados por la inteligencia artificial, la intervención estatal y la fragmentación geopolítica.
Para 2026, el crecimiento del PIB mundial se situará en torno al 3% anual, con escenarios que oscilan entre 2,7% y 3,3%. Aunque esta desaceleración controlada refleja un retorno a niveles previos a la pandemia, la inversión y el comercio se muestran más cautelosos. La inflación global bajará a aproximadamente 3,1%, impulsada por la contención en energía y alimentos, aunque persistirá presión en vivienda y materias primas.
Los precios de los commodities continúan una tendencia a la baja, registrando una caída acumulada de 7% en el cuarto año consecutivo. El comercio mundial modera su ritmo tras el repunte de 2025, y la inversión extranjera directa en economías emergentes permanece por debajo de su potencial. En este escenario, las empresas y gobiernos deben ajustar expectativas y prepararse para una fase de crecimientos moderados.
El mundo avanza hacia una autonomía estratégica y bloques económicos definidos por políticas de seguridad y regulación. Las cadenas globales de valor se rediseñan para reforzar la palanca estratégica para competitividad y seguridad, poniendo énfasis en protecciones comerciales y soberanía tecnológica.
La inteligencia artificial emerge como el motor que puede compensar la pérdida de dinamismo demográfico y la fragmentación comercial. Al mismo tiempo, transiciones energéticas y climáticas presionan presupuestos públicos, mientras el envejecimiento poblacional exige reformas fiscales profundas. España, con su impulso de vivienda y digitalización, ejemplifica la búsqueda de innovación impulsada por inteligencia artificial para sostener el crecimiento.
Aunque persiste una fragilidad ante shocks geopolíticos y financieros, las amenazas siguen siendo elevadas. Desde una posible escalada de tensiones comerciales hasta un estallido en los mercados de activos, las economías deben prepararse para gestionar sorpresas negativas con agilidad y visión de largo plazo.
La clave está en diseñar políticas y modelos de negocio capaces de absorber choques y aprovechar la fragmentación geopolítica y oportunidades en digitalización. Las compañías deben reinventar su propuesta de valor, mientras los Estados facilitan entornos estables y colaborativos.
Superar los desafíos actuales implica comprometerse con una visión de futuro que combine crecimiento y estabilidad. Las inversiones en talento, tecnología y sostenibilidad serán el combustible para un reinicio económico capaz de generar prosperidad compartida.
Solo construyendo camino hacia un crecimiento inclusivo y sostenible podremos asegurar que la próxima etapa sea una oportunidad para reducir desigualdades, impulsar la innovación y proteger el bienestar global. El gran reinicio ya comenzó: depende de todos nosotros hacerlo realidad.
Referencias