La humanidad atraviesa una profunda transformación: la transición demográfica continua y profunda redefine sociedades y mercados. Este fenómeno refleja la simultánea caída de tasas de fecundidad y mortalidad, y sus efectos ya moldean economías en todo el mundo.
Comprender la evolución de estas dinámicas es vital para anticipar retos fiscales, aprovechar oportunidades productivas y diseñar políticas que incentiven el bienestar intergeneracional.
El crecimiento poblacional mundial se desacelera: de 7.700 millones en la actualidad a unos 9.700 millones en 2050. En 2023, China registró más muertes que nacimientos, iniciando su declive demográfico. América Latina y el Caribe mostraron un ascenso notable: de 252 millones en 1965 a 660 millones en 2022, con proyecciones de 752 millones en 2056 y posterior descenso hacia 647 millones al final del siglo.
La República de Corea experimentó la transición más rápida: pasó de una tasa anual de 2,1% en 1965 a crecimiento negativo desde 2020, con poblaciones activas menores al 1% por el resto del siglo. El envejecimiento global avanza sin precedentes, reduciendo la proporción de niños y elevando la de adultos mayores.
El bono demográfico temporal surge cuando la proporción de población en edad laboral (15-64 años) crece respecto a dependientes. Esta fase genera crecimiento del PIB per cápita incluso sin mejoras directas en productividad.
La ecuación r(Y/N) = r(Y/L) + r(L/W) + r(W/N) descompone la tasa de crecimiento del PIB per cápita en productividad, participación laboral y cambio en estructura etaria. Durante el bono, r(W/N) lidera la contribución, pues hay más trabajadores por habitante.
Además, la reducción de la proporción de niños permite mayor inversión en capital humano y fomenta la inclusión laboral femenina, potenciando la acumulación de talento y ahorro familiar.
El bono no es eterno. Al agotarse, la estructura etaria se invierte: la fuerza productiva disminuye y aumentan los dependientes mayores. Si no se anticipa, la sociedad enfrenta caída del PIB per cápita, presión social y riesgos de desigualdad.
Por otro lado, existen riesgos inherentes:
Corea del Sur aprovechó intensamente su bono demográfico entre 1960 y 1980, logrando tasas de crecimiento del PIB per cápita superiores al 1% anual gracias a reformas educativas y apertura exportadora. Hoy enfrenta envejecimiento acelerado, pero conserva una base industrial robusta.
Japón evidenció los peligros del post-bono: con baja natalidad persistente y población envejecida, enfrenta alta deuda pública y necesidad de automatizar sectores productivos. En contraste, India disfruta de un amplio dividendo demográfico joven, con explosión de consumo y una clase media emergente que dinamiza el mercado interno.
El futuro demográfico dictará quién lidera la economía global. Para maximizar beneficios y minimizar costos, los países deben:
Políticas integrales, con enfoque de largo plazo y visión intergeneracional sostenible, serán cruciales para soportar el reto demográfico y transformar la presión en palanca de crecimiento.
El cambio demográfico global es una realidad ineludible que redefine mercados, políticas y estilos de vida. Sólo con diagnóstico riguroso y acciones coordinadas lograremos que este fenómeno potencie el desarrollo económico y fortalezca la cohesión social.
Referencias