A medida que el mundo avanza en tecnología y conectividad, la pobreza persiste como uno de los retos más urgentes. Este artículo explora el Índice de Pobreza Multidimensional (IPM) y la pobreza extrema monetaria (2,15 dólares diarios), proporcionando datos actualizados hasta 2026.
El Índice de Pobreza Multidimensional (IPM) mide carencias en salud, educación y nivel de vida a través de diez indicadores. Identifica a quienes sufren al menos un tercio de privaciones, incluyendo desnutrición, escolarización incompleta o falta de energía para cocinar.
Por su parte, la pobreza extrema se define como vivir con menos de 2,15 dólares diarios (ODS 1.1). Esta medida monetaria afecta a 736 millones de personas en 2018, frente a los 1.300 millones capturados por el IPM, revelando la multidimensionalidad de la pobreza.
Hasta 2024-2026, el 10% de la población mundial vive en pobreza extrema monetaria, mientras que el IPM señala que el 17% sufre privaciones multidimensionales. África subsahariana y Asia meridional concentran el 83% de estos casos, con 560 y 546 millones de personas respectivamente.
Además, el 46% de los pobres multidimensionales vive en situación de pobreza severa, con privaciones en la mitad de los indicadores. El ritmo de reducción se ha frenado, especialmente en África, donde la desigualdad crece y la brecha Norte-Sur se profundiza.
La pobreza global enfrenta obstáculos complejos e interrelacionados que dificultan su erradicación. Entre estos destacan:
Estos retos exigen respuestas integrales que aborden tanto los síntomas como las causas profundas de la pobreza.
Para avanzar hacia el ODS 1 de la ONU y lograr reducción sostenible de la pobreza, es imprescindible combinar políticas de crecimiento con medidas redistributivas. Algunas recomendaciones clave incluyen:
El Roadmap 2026 del Consejo de Derechos Humanos de la ONU aboga por combinar servicios básicos gratuitos con políticas de empleo y economía solidaria.
El horizonte 2026 plantea la necesidad de ir más allá del crecimiento económico tradicional. Es esencial diseñar economías que prioricen la equidad y la sostenibilidad.
Entre los temas emergentes destacan la reforma de sistemas fiscales para mayor justicia social, la cooperación Sur-Sur para compartir estrategias exitosas, el monitoreo periódico del IPM para ajustar políticas y la integración de la pobreza y el clima en las agendas públicas.
Estas líneas de acción buscan asegurar que la recuperación económica no deje a millones de personas atrás.
Para maximizar el impacto, los esfuerzos deben focalizarse donde la pobreza es más aguda. Algunas regiones prioritarias son:
La coordinación internacional y el compromiso político local son fundamentales para adaptar las intervenciones a realidades específicas.
El futuro de la erradicación de la pobreza depende de la voluntad colectiva para implementar soluciones integrales y sostenibles. Este nuevo mapa de la pobreza global pone de manifiesto tanto la magnitud del desafío como la posibilidad real de superarlo si se mantienen la solidaridad y la innovación.
Referencias