La economía mundial ha cambiado de paradigma: ahora, las ciudades actúan como núcleos impulsores del conocimiento y la innovación. A través de redes globales y distritos especializados, las urbes potencian industrias de alto valor añadido y resiliencia económica.
La economía del conocimiento se caracteriza por la preeminencia de sectores intensivos en tecnología o en personal altamente cualificado. Estos ámbitos generan alto valor añadido en crisis económicas y priorizan la investigación y el desarrollo como ejes centrales de crecimiento.
Se distinguen subgrupos de alta intensidad tecnológica: industria farmacéutica, fabricación de vehículos, telecomunicaciones y servicios de arquitectura e ingeniería, entre otros. Estos sectores muestran una caída del VAB del 2,5% en 2020 frente al 11,6% del resto de la economía, lo que evidencia su robustez.
Las ciudades se conciben como sistemas complejos dinámicos donde los efectos de la concentración generan rendimientos crecientes. Según estudios, un aumento del 15% en indicadores de economía del conocimiento per cápita se traduce en un 10-20% más de patentes per cápita.
Los distritos de innovación, caracterizados por una alta densidad de empresas y centros de I+D, producen 3,4 veces más innovaciones por empleado y 20 veces más riqueza por residente. Cada empleo intensivo en conocimiento origina de forma indirecta 4-5 empleos de apoyo, reduciendo el desempleo y distribuyendo prosperidad.
Para satellitas como Satell (2017), la innovación urbana se distribuye en cuatro categorías clave, basadas en el know-how colectivo de redes colaborativas:
Barcelona ejemplifica cómo una ciudad puede articular estrategias de conocimiento para liderar en Europa. En 2023, el VAB de los sectores del conocimiento alcanzó el 49,9% del total, frente al 45,5% de 2018, con un crecimiento del 34% (vs. 13% del resto)._
Además de la sólida evolución del VAB, Barcelona ha obtenido reconocimientos internacionales por su ecosistema emprendedor y su capacidad para atraer talento:
La infraestructura y los proyectos también definen su liderazgo. Barcelona alberga 10 instalaciones científicas internacionales y ha lanzado iniciativas punteras como el Ciutadella del Conocimiento:
El reto principal es articular una alineación urbanística con visión de largo plazo. Esto implica diseñar espacios que fomenten la colaboración intersectorial y que integren movilidad sostenible, vivienda asequible y conectividad digital de alta velocidad.
Igualmente, resulta esencial impulsar políticas de captación y retención de talento. Las ciudades deben ofrecer ecosistemas residenciales y profesionales atractivos, combinando calidad de vida, acceso a redes de mentores y programas de formación continua.
Para fortalecer las cadenas de valor globales, las administraciones locales pueden facilitar alianzas público-privadas y promover la internacionalización de startups y centros de investigación. De este modo, el conocimiento generado se traduce en exportaciones de bienes y servicios complejos.
En conclusión, las ciudades se erigen como palancas fundamentales de prosperidad sostenible. Al desplegar distritos de innovación, fomentar redes colaborativas y orientar la planificación urbana hacia el conocimiento, las urbes pueden transformar retos locales en soluciones globales.
Referencias