En un momento de profunda transformación geopolítica y reordenamiento económico, la planificación continua impulsada por IA y el papel reforzado del Estado en la economía se han convertido en elementos definitorios de 2026. Tras décadas de liberalización, los gobiernos recuperan protagonismo con estrategias que buscan balancear estabilidad, crecimiento y resiliencia. Este artículo explora cómo esta tendencia impacta a empresas, inversores y ciudadanos, y ofrece orientaciones para adaptarse y prosperar.
Desde tarifas arancelarias hasta políticas industriales, los Estados actúan con creciente determinación. En España, el Plan de Recuperación y Resiliencia acelera inversiones estratégicas mientras que en Estados Unidos los cheques por 2.000 dólares y la inversión de 500.000 millones en IA definen prioridades. China y Rusia consolidan políticas industriales ambiciosas. Este nuevo modelo gira en torno a:
Las proyecciones para 2026 señalan un crecimiento global moderado, en torno al 2,6%, con riesgos al alza y a la baja por conflictos y clima. Cada región muestra características propias:
La inflación persiste y los tipos de interés divergen: la Fed ronda el 3%, el BCE cerca del 2% y el Banco de Japón continúa ajustes paulatinos.
La globalización abierta se transforma en un mosaico de bloques y alianzas bilaterales. Se percibe una compleja fragmentación regulatoria y arancelaria con aranceles y controles no arancelarios según el actor geográfico. Mientras Eurasia y África fortalecen lazos con China, Estados Unidos refuerza su agenda proteccionista y de defensa. Este escenario plantea costos operativos crecientes, pero también oportunidades para quien anticipe cambios y diversifique mercados.
La IA no es solo un motor de innovación, sino un eje de seguridad económica y competitividad. La inversión global en Inteligencia Artificial supera el medio billón de dólares en EE.UU., y los gobiernos desarrollan hubs de datos y centros de excelencia. Las empresas que integren cadena de valor IA en su planificación podrán generar ventajas competitivas, optimizar procesos y anticipar riesgos en tiempo real.
La automatización mediante RPA y la analítica avanzada impulsan una evolución hacia modelos híbridos de trabajo global, donde la colaboración público-privada es esencial para equilibrar visión comercial y responsabilidad social.
La agenda climática se integra en la estrategia de planeación. Con la COP30 marcando objetivos de 1,3 billones anuales hasta 2035, las empresas deben adoptar criterios ESG con métricas claras y transparencia. La interoperabilidad de taxonomías financieras facilita la canalización de capital privado hacia proyectos de adaptación y mitigación.
Los recursos públicos se redirigen a infraestructuras verdes y energías renovables, generando empleo y fomentando resiliencia ante cambios globales. Sin embargo, el gap de financiamiento exige soluciones innovadoras como blended finance y alianzas multilaterales.
El regreso de la planificación central genera incertidumbre, pero brinda señales claras para quienes adopten un enfoque proactivo. Los principales desafíos incluyen:
Para convertir riesgos en oportunidades, organizaciones y profesionales pueden:
Ante un escenario de planificación centralizada y bloques económicos fragmentados, la adaptabilidad emerge como el talento más valioso. Al integrar tecnología, análisis de datos y visión estratégica, empresas y personas pueden no solo afrontar la complejidad, sino liderar el cambio. El futuro pertenece a quienes anticipen tendencias, forjen alianzas efectivas y diseñen planes con visión global y flexibilidad local. La oportunidad de construir sociedades más resilientes y economías más sólidas está al alcance de todos.
Referencias