En un mundo cada vez más interconectado, entender cómo las decisiones de política monetaria influyen en la confianza de los inversores y, a su vez, en el riesgo país, resulta esencial para gobiernos, empresas y ciudadanos.
El riesgo de crédito asociado a invertir en un país engloba no solo la solvencia de empresas o bancos, sino también la capacidad de pago del propio Estado y la calidad de su entorno institucional y normativo.
Se distinguen tres componentes fundamentales:
En su conjunto, estos elementos reflejan tanto el entorno institucional y macroeconómico como la percepción de seguridad jurídica y estabilidad social de un país.
El indicador más utilizado en mercados emergentes es el Emerging Markets Bond Index (EMBI), elaborado por JPMorgan, que mide el diferencial de rendimiento entre bonos soberanos de países emergentes y bonos del Tesoro de EE.UU., tomados como referencia libre de riesgo.
El riesgo país se expresa en puntos básicos (pb), donde 100 pb equivalen a 1 punto porcentual adicional de rendimiento exigido.
Por ejemplo, los 660 pb de Argentina a mediados de 2025 implican que los inversores piden 6,6 puntos porcentuales extra sobre los bonos del Tesoro de EE.UU. para asumir el riesgo adicional.
Los analistas combinan variables macroeconómicas y políticas para evaluar el riesgo país. Entre las principales variables económicas se hallan el crecimiento del PIB, la inflación, el nivel de desempleo, los tipos de interés oficiales, el déficit público, el endeudamiento y las reservas internacionales.
En paralelo, la dimensión política considera la estabilidad institucional, la previsibilidad regulatoria, el respeto a contratos, la seguridad jurídica y la conflictividad social.
Algunas metodologías avanzadas incorporan técnicas de big data y análisis de noticias para cuantificar la “tensión política” y su impacto en primas de riesgo y tipos de cambio.
Un encarecimiento de la financiación externa es la consecuencia más inmediata de un riesgo país elevado. Las altas primas de riesgo elevan los costes de deuda para el Estado y las empresas, limitan el acceso a los mercados internacionales y pueden obligar a recurrir a organismos multilaterales o financiamiento local más caro.
En los mercados globales, la menor liquidez y la mayor volatilidad bursátil suelen acompañar a un riesgo país creciente. Los flujos de capital se tornan más inestables, con repatriaciones rápidas ante episodios de tensión.
A nivel microeconómico, aseguradoras de crédito y bancos ajustan sus provisiones y límites de exposición, mientras las empresas afrontan mayores tasas de interés, plazos más cortos y posible aplicación de controles de cambio que retrasan pagos internacionales.
El riesgo país funciona como una síntesis de la confianza de los mercados y, simultáneamente, como un canal de transmisión de shocks financieros a la economía real.
La política monetaria abarca las decisiones de los bancos centrales sobre la oferta de dinero, el nivel de tasas de interés de referencia y las condiciones de liquidez en la economía, con el objetivo de controlar la inflación y mantener la estabilidad macroeconómica.
Las herramientas principales incluyen:
• Tipo de interés de referencia.
• Operaciones de mercado abierto.
• Requerimientos de reservas.
• Facilidades permanentes.
• Programas de compra y venta de activos (quantitative easing o tightening).
En los últimos años, bancos centrales como la Reserva Federal han elevado sus tasas a niveles máximos en décadas, implementando incrementos graduales para contener presiones inflacionarias.
La tensión entre contener la inflación y no encarecer excesivamente el financiamiento soberano es un dilema central en la formulación de política monetaria.
Un riesgo país elevado puede forzar al banco central a ajustar su estrategia monetaria para defender la moneda y calmar tensiones. Esto puede implicar:
• Subidas adicionales de tipos para contener salidas de capital.
• Intervenciones directas en el mercado de divisas.
• Implementación de controles de capital o restricciones de liquidez.
En algunos casos, estas medidas buscan restaurar la confianza y estabilizar el mercado, aunque pueden chocar con objetivos de crecimiento y empleo.
Argentina ha experimentado fuertes vaivenes en su riesgo país, superando los 4.000–6.000 pb en crisis pasadas y ubicándose en 660 pb en 2025 tras ajustar políticas monetarias más restrictivas.
Por su parte, Turquía ha visto incrementos de riesgo ante políticas monetarias percibidas como inconsistentes con la lucha contra la inflación, lo que derivó en depreciaciones severas de su moneda y mayores primas de riesgo.
En contraste, países con credibilidad del banco central consolidada mantienen primas muy bajas, reduciendo costos de financiamiento y preservando un entorno de inversión estable.
La interacción entre riesgo país y política monetaria es un ciclo continuo donde la credibilidad y la transparencia juegan un papel decisivo. Para mejorar la percepción internacional, se recomienda:
Con políticas bien diseñadas y un compromiso firme con la estabilidad, los países pueden reducir sus primas de riesgo y facilitar un crecimiento sostenido. La construcción de confianza es gradual, pero sus frutos se traducen en menores costos de financiamiento y mayor resiliencia ante crisis.
Referencias