La tasa neutral de interés, también conocida como r* o tasa natural, se concibe como el punto de equilibrio donde la política monetaria no impulsa ni frena la actividad económica. Aunque es un concepto no observable directamente, su estimación guía las decisiones de bancos centrales en todo el mundo.
La tasa de interés de corto plazo que ni estimula ni restringe la economía se define en términos reales, es decir, ajustada por inflación. En teoría macroeconómica, r* equilibra la oferta agregada de ahorros con la demanda de inversión, situando la producción al nivel de su potencial y manteniendo la economía en pleno empleo con inflación alrededor del 2%.
Este nivel óptimo de costo del crédito es teórico: no aparece en los datos, sino que se aproxima mediante modelos que relacionan crecimiento, desempleo e inflación. Su valor varía con las condiciones estructurales de largo plazo y, a pesar de su carácter incierto, se ha convertido en un referente esencial.
El concepto de una tasa neutral tiene raíces en el economista Knut Wicksell, en el siglo XIX, y resurgió en los años noventa al adoptar los bancos centrales metas de tasas de interés en lugar de agregados monetarios.
En las últimas tres décadas, múltiples estudios coinciden en un declive gradual y persistente de r*. Antes de la crisis de 2008, estimaciones situaban r* real por encima del 2%; hoy ronda entre 0,5% y 1%. Este descenso aumenta el riesgo de alcanzar el límite cero en la política de tipos (ZLB), restringiendo la capacidad de respuesta en recesiones.
Los desplazamientos en la oferta y demanda de fondos alteran permanentemente la tasa neutral. A continuación, se presenta una síntesis de los principales impulsores:
La estimación de r* es una herramienta clave para bancos centrales. Permite calibrar la política según el gap entre la tasa efectiva y la neutral, definiendo si el enfoque es expansivo o restrictivo.
Algunas de las metodologías más referenciadas incluyen el modelo Holston-Laubach-Williams (HLW) y los enfoques de la Reserva Federal de Cleveland. Según HLW, en el segundo trimestre de 2025 la tasa real ronda 0,84%, lo que equivale a un nivel nominal cercano al 2,8% con inflación al 2%.
Otras referencias, como los rendimientos 5Y5Y TIPS, sugieren que el term premium ha superado la neutralidad, insinuando un contexto de políticas algo más restrictivas de lo previsto.
La principal crítica a r* radica en su inmunidad limitada ante shocks. Los cambios abruptos en la economía global, variaciones en expectativas de inflación o alteraciones fiscales pueden desviar drásticamente sus estimaciones.
El descenso prolongado de r* reduce el espacio para la política convencional en recesiones, elevando la probabilidad de tope cero hasta en un 40% del tiempo. Esto ha impulsado la adopción de herramientas no convencionales como QE y estrategias de forward guidance.
La tasa neutral de interés es una brújula imperfecta pero esencial. Su búsqueda refleja el equilibrio entre ciencia económica y práctica de política monetaria. Aunque nunca conoceremos su valor exacto, estimarla con rigor es fundamental para fomentar una economía estable, según principios de pleno empleo, crecimiento sostenible y estabilidad de precios.
Referencias