Desde que A.W. Phillips describiera por primera vez en 1958 una relación inversa entre inflación y desempleo, esta herramienta ha guiado a múltiples generaciones de formuladores de política monetaria. Hoy, su vigencia se debate en medio de importantes datos recientes post-pandemia y de lecciones históricas que nos invitan a reflexionar sobre su utilidad real.
La Curva de Phillips establece, en el corto plazo, una relación inversa entre inflación y desempleo. Gráficamente, presenta pendiente negativa: menor desempleo tiende a asociarse con mayor inflación.
Originalmente Phillips analizó datos del Reino Unido (1861-1957) y encontró que una caída en el desempleo coincidía con un aumento más rápido de salarios nominales. Posteriormente, economistas como Samuelson y Solow tradujeron ese hallazgo al terreno de la inflación de precios, mientras Friedman y Phelps introdujeron la perspectiva de largo plazo.
La Curva de Phillips se comporta de modo diferente según el horizonte temporal:
Los años setenta trastocaron la confianza en la Curva de Phillips. La estagflación—periodo en el que inflación y desempleo subieron simultáneamente—expuso las limitaciones de basar la política monetaria solo en ese trade-off.
A partir de entonces, los economistas comprendieron que las correlaciones estadísticas no son leyes inmóviles:
El periodo 2020-2023 reveló un steepening post-pandemia: la caída del desempleo se relacionó con incrementos más fuertes de inflación que antes del COVID-19. Este cambio sugiere:
Estos hallazgos refuerzan la idea de que la Curva de Phillips sigue siendo útil, pero solo si se reconoce su dinamismo y sus límites en entornos de bajos niveles de desempleo.
Para los bancos centrales, la Curva de Phillips:
1. Sirve como guía para calibrar tasas de interés, aprovechando fortalece la calibración de tasas de interés en fases de expansión.
2. Exige considerar la perspectiva a largo plazo para evitar una inflación desanclada de expectativas.
3. Obliga a incorporar datos reales y proyecciones de empleo y precios, restringiendo objetivos de desempleo por debajo del NAIRU.
La Curva de Phillips no es una regla infalible ni una panacea, pero conserva un valor incuestionable como relación flexible y cambiante que conecta dos de los objetivos más preciados de la política económica: estabilidad de precios y pleno empleo.
La experiencia histórica y los datos recientes nos enseñan a usarla con prudencia, equilibrando crecimiento y estabilidad. Adoptar una visión proactiva y basada en evidencia permitirá a los responsables de la política monetaria enfrentar shocks futuros y ofrecer bienestar sostenible a la sociedad.
Referencias