En un mundo en constante transformación, la idea de que la creatividad pueda ser un recurso económico sólido ha cobrado fuerza. Más allá de la mera producción artística, la economía creativa se ha convertido en un motor de desarrollo sostenible y una fuente de innovación de alcance global.
Este artículo explora sus orígenes, pilares fundamentales y el impacto multidimensional que genera, presentando datos, ejemplos regionales y las claves para fortalecer este sector de cara al futuro.
La economía creativa se sustenta en tres elementos básicos: la generación de ideas originales, su aplicación práctica y el conocimiento como insumo para bienes intangibles. Estas bases propician un ecosistema donde la cultura y la tecnología convergen.
Los sectores que la integran abarcan desde el cine, la música y la moda hasta el software, los videojuegos y las industrias digitales. También incluye diseño, audiovisuales, medios, artes escénicas y edición, extendiéndose a cualquier actividad dependiente de la imaginación y el conocimiento.
La economía creativa aporta entre el 3% y el 3.1% del PIB mundial, con proyecciones que apuntan a un 10% del PIB global antes de 2030. Más de 30 millones de empleos formales y una alta participación juvenil la convierten en uno de los sectores más dinámicos.
En la última década, los servicios creativos han representado más del 19% de las exportaciones totales de servicios, superando por mucho las de bienes. Los países desarrollados lideran las exportaciones de servicios, mientras que los emergentes crecen en bienes creativos.
La diversidad de experiencias demuestra la adaptabilidad de la economía creativa. En América Latina, la denominada «economía naranja» ha permitido diversificar economías tradicionales combinando raíces culturales con tecnología.
En África, Nigeria ha visto crecer su industria cinematográfica —Nollywood— en un sector que genera más de un millón de empleos y produce más de 2.000 películas al año, superando a Hollywood en volumen. Sudáfrica aporta el 5.6% de su PIB a la economía creativa y Kenia registró un alza del 7% en entretenimiento y medios entre 2014 y 2018.
Por su parte, los Emiratos Árabes Unidos enfrentaron una caída de ingresos del 41% en empresas creativas durante la pandemia, pero apostaron por políticas de recuperación que priorizan el talento local y la innovación.
La economía creativa no solo impulsa la riqueza; genera transformaciones profundas en lo social y ambiental. Sus beneficios incluyen:
Ejemplos concretos, como la gira de Coldplay con un 50% menos de emisiones de CO2, demuestran el poder de integrar prácticas sostenibles en producciones creativas.
La pandemia expuso la fragilidad de un sector con gran informalidad y microempresas. En algunas ciudades, los empleos de tiempo completo se redujeron en dos tercios.
A pesar de ello, la rápida transición a plataformas en línea permitió recuperaciones más ágiles en ciertos segmentos. La dificultad para medir intangibles y la falta de políticas específicas son retos pendientes.
Las iniciativas de colaboración entre gobiernos, universidades y empresas, así como la inversión de impacto en activos creativos (más de US$31 mil millones), son señales alentadoras de resiliencia y adaptación.
La economía creativa ha demostrado ser mucho más que entretenimiento. Funciona como un motor global de innovación abierta y desarrollo inclusivo, con impactos económicos, sociales y ambientales.
Para maximizar su potencial, es esencial impulsar políticas públicas adecuadas, fortalecer la medición de sus efectos y promover alianzas internacionales. De este modo, el mundo podrá avanzar en el camino de un desarrollo equitativo, basado en la creatividad y el conocimiento.
Referencias