La sociedad está atravesando una transformación histórica gracias al aumento de la esperanza de vida y al envejecimiento de la población. En este contexto, la economía de la longevidad emerge como una fuerza capaz de redefinir paradigmas y generar oportunidades sin precedentes.
En España, la población mayor de 50 años generó en 2019 un valor añadido de 60.042 millones de euros, impulsando 1,9 millones de empleos y aportando 325.303 millones de euros al PIB, lo que equivale a entre el 25% y el 30% del total nacional. Este motor de crecimiento latente no solo refleja cifras, sino que visibiliza el rol clave de los mayores como consumidores activos y productores de riqueza.
Globalmente, la esperanza de vida ha crecido 10 años desde 1980 y se prevé que el número de jubilados se duplique en las próximas décadas. Si la edad de retiro permanece en torno a los 65 años, el periodo de pensiones superará las dos décadas, presión que desafía los modelos tradicionales de seguridad social.
Según Eugene Kandel, reconocido experto en envejecimiento y desarrollo económico, “El envejecimiento demográfico es una oportunidad única para innovar en mercados, modelos laborales y políticas públicas que favorezcan la inclusión de todas las edades.” Sus palabras subrayan la urgencia de aprovechar este cambio poblacional.
El modelo de Oxford Economics identifica tres canales principales a través de los cuales la longevidad impacta la economía:
Estos canales generan dinamismo en sectores como la salud, la tecnología asistencial y la vivienda inclusiva. Además, promueven nuevos empleos y riqueza en toda la cadena de valor.
El principal desafío radica en conciliar la diferencia entre vida laboral y longevidad. Tradicionalmente, los sistemas de formación, trabajo y jubilación se diseñaron para fases de vida más cortas. Ahora, una persona puede pasar más tiempo jubilada que activa, lo que tensiona las pensiones y la sostenibilidad de la seguridad social.
La plantilla envejecida incrementa costos de salud y seguros, mientras altera la demanda de bienes y servicios. Además, existe el riesgo de desperdiciar capital humano altamente cualificado si no se integran estrategias de empleo sénior y aprendizaje continuo.
La sostenibilidad de las pensiones requiere reformas profundas. Los sistemas de contribución definida y la diversificación de inversiones son pasos imprescindibles para garantizar que las generaciones futuras reciban prestaciones dignas sin sobrecargar a la población activa.
Para transformar los retos en oportunidades, se proponen múltiples líneas de acción:
Además, invertir en innovación sostenible en productos y servicios orientados a mayores estimula el crecimiento y la competitividad. Sectores emergentes como la biotecnología, la realidad aumentada aplicada a terapias y la educación financiera senior abren nuevas vías de emprendimiento.
Como concluye el informe de Oxford Economics, “Aprovechar el potencial de la longevidad es clave para mantener la productividad y cohesión social en las próximas décadas.” Esta visión positiva de la longevidad invita a repensar nuestras estructuras económicas para el beneficio de todas las edades.
En definitiva, la economía de la longevidad representa una oportunidad estructural para la prosperidad si abordamos sus desafíos con políticas innovadoras, colaboración público-privada y un cambio cultural que reconozca el valor de cada etapa de la vida. Al hacerlo, generaremos un crecimiento más inclusivo, sostenible y resiliente, preparado para los retos del siglo XXI.
Referencias