En este recorrido analizamos el paso histórico del consumo desde la adquisición de bienes a la modalidad de uso compartido y acceso.
En la etapa precapitalista, el consumo giraba en torno a la supervivencia y la gestión comunitaria de recursos. La cercamientos del siglo XVI iniciaron un proceso de acumulación originaria que separó a las comunidades de sus tierras, generando un nuevo individuo consumidor.
Con la segunda revolución tecnológica, tras la Gran Depresión de 1873, la industrialización en serie transformó la oferta de bienes duraderos: automóviles, electrodomésticos y estructuras fabriles configuraron los cimientos del mercado interior.
Este contexto histórico sienta las bases de una cultura de adquisición en la que poseer se identifica con bienestar y progreso individual.
El fordismo perfeccionó la producción en masa y el marketing como mecanismos duales: por un lado, elevó salarios para estimular la compra; por otro, estandarizó productos mediante la publicidad.
La posguerra consolidó la sociedad de consumo post-II Guerra, caracterizada por el derroche y la obsolescencia planificada. La oferta superó la demanda, obligando a las empresas a inventar nuevas necesidades y plazos de pago.
Autoras como Federici y Polanyi cuestionan la idea de progreso ligada a la expansión constante del consumo, señalando sus consecuencias en la fragmentación social y la degradación de recursos.
En las últimas décadas, emergen modelos basados en el uso más que en la posesión. La economía colaborativa y las plataformas digitales facilitan el intercambio de servicios: el coche, la vivienda y el entretenimiento se ofertan bajo suscripciones y tarifas por uso.
Este giro refleja una economía del acceso impulsada por la digitalización y la preocupación por la sostenibilidad.
El consumidor actual es un prosumidor que exige flexibilidad, personalización y responsabilidad social. Para acompañar esta tendencia, empresas y gobiernos deben fomentar:
La historia del consumo muestra una trayectoria de adaptación constante. Comprender esta metamorfosis es clave para diseñar un sistema económico más justo, sostenible y centrado en el valor de uso.
Referencias