En un mundo donde la economía y la política confluyen con fuerza creciente, la divisa dominante ha dejado de ser un mero instrumento de cambio para convertirse en un verdadero instrumento de coerción económica. Hoy exploraremos cómo el dólar estadounidense ha ejercido su poder, las respuestas globales al abuso de esta posición y los desafíos que afronta el sistema financiero internacional.
Desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, el dólar se consolidó como la reserva dominante por un siglo. El sistema de Bretton Woods otorgó a Estados Unidos un privilegio monetario extraordinario, permitiéndole emitir deuda a bajo costo y financiar su enorme aparato productivo.
Esta posición se vio reforzada por la confianza global y la ausencia de una alternativa creíble. Con el tiempo, la internacionalización de los mercados financieros convirtió al dólar en el eje de las transacciones y las reservas oficiales de los bancos centrales.
A lo largo de los últimos quince años, la administración estadounidense ha intensificado el uso del dólar como herramienta geopolítica. Las sanciones económicas, la exclusión de entidades de cámaras de compensación como SWIFT y las amenazas arancelarias forman parte de un arsenal diseñado para reforzar su influencia global.
Paradójicamente, estas tácticas han incentivado la búsqueda de mecanismos alternativos. Muchos actores globales interpretan el uso abusivo del dólar como un riesgo a largo plazo para su estabilidad financiera.
Frente a esta presión, los países agrupados en BRICS+ han acelerado la creación de canales de liquidación en monedas locales y explorado la adopción de monedas digitales de bancos centrales (CBDC). Los acuerdos bilaterales entre Rusia y China son un caso paradigmático: en 2023, más del 95% de su comercio bilateral se liquidó en rublo y yuan, según el viceprimer ministro Andréi Belousov.
Estos movimientos, apoyados por declaraciones de líderes como Vladimir Putin, indican que la desdolarización global acelerada ya es una realidad irreversible y que el sistema financiero multipolar se nutre de estas iniciativas.
La erosión de la confianza en el dólar como moneda de referencia plantea retos significativos. Por un lado, el riesgo de inflaciones repentinas en mercados emergentes se incrementa a medida que la aversión al dólar crece. Por otro lado, Estados Unidos podría enfrentar:
Además, la aparición de CBDC como el proyecto mBridge del BIS plantea la posible sustitución de liquidez hegemónica si se consolida un corredor digital de divisas sin uso de dólares.
Expertos como Jeffrey Sachs advierten que el abuso de sanciones podría marcar el fin de la hegemonía en la próxima década. Mientras tanto, Alicia García-Herrero observa que el yuan se ha convertido en un refugio para quienes buscan evadir sanciones del G7.
Los mercados financieros se dirigen hacia un escenario más fragmentado, donde la confianza y la previsibilidad serán los factores decisivos. Los países emergentes y las economías desarrolladas deberán adaptarse a un entorno de multipolaridad monetaria creciente, diversificando sus reservas y fortaleciendo mecanismos de cooperación.
En última instancia, la transformación del dólar de pilar indiscutible a herramienta en disputa obliga a repensar estrategias de política económica y a diseñar sistemas más resilientes. La lección es clara: cuando la moneda se utiliza como arma, acelera su propio declive, y el mundo descubre nuevas rutas hacia un equilibrio financiero más justo.
Referencias