La metáfora de la sábana corta describe compromisos económicos de difícil resolución cuando los recursos son escasos. Aplicada a la política monetaria argentina, esta imagen ilustra cómo cerrar una brecha puede abrir otra, afectando a tasas de interés, crédito y competitividad.
En los últimos años, el gobierno ha impulsado una obsesión en el control de la inflación como meta única. Se subordina la política fiscal y la cotización del dólar, mientras se minimizan las expectativas de formadores de precios y las asimetrías de poder en los mercados.
Al reducir la oferta monetaria con el fin de domar la inflación, se desencadenan efectos secundarios inevitables: tasas de interés desmadradas erosionan el bienestar, el crédito al sector privado se retrae y el peso se aprecia, perjudicando la competitividad de las exportaciones.
El sistema crediticio local revela un marcado sesgo:
El 46% del crédito total se destina al consumo familiar, mientras que sólo el 18% apoya baja penetración crediticia limita consumo e inversión productiva o hipotecaria. Este desequilibrio frena el desarrollo de proyectos de largo plazo y excluye a sectores clave.
Frente a sus pares regionales, Argentina muestra una penetración crediticia limitada que obstaculiza la capacidad de consumo financiado y de inversión productiva, y reduce la efectividad de la política monetaria.
Entre 1994 y 2024, el endeudamiento familiar promedio fue del 4,89% del PIB, con un pico del 7,3% en 2018. Tras la devaluación de 2024, el crédito al consumo creció más del 200% en préstamos personales y un 66% en tarjetas.
En marzo de 2025, el stock total de deuda de los hogares alcanzó un récord de 34.800 millones de pesos, con el 48% de las familias endeudadas y endeudamiento familiar en mora supera tres cuartas partes. Los ingresos de los trabajadores apenas crecen, mientras las tasas suben constantemente, alimentando un círculo vicioso.
Este escenario demuestra que todo tiene que ver con todo: frenar la inflación impacta el acceso al crédito y la competitividad, a su vez la falta de financiamiento penaliza el crecimiento y la generación de empleo.
Para cerrar esa sábana corta sin exponer el otro lado, es esencial avanzar hacia una estrategia que combine disciplina antiinflacionaria con inclusión financiera y crédito productivo equilibrado. Solo así se puede potenciar el crecimiento y el bienestar social.
La moraleja es clara: ninguna política actúa en el vacío. Reconocer la interconexión entre inflación, tasas y crédito permitirá diseñar soluciones que no solo tapen un lado de la sábana, sino que cubran integralmente las necesidades de la economía argentina.
Referencias