La trampa de liquidez se presenta cuando las tasas de interés cercanas al límite inferior cero convierten en ineficaz la política monetaria convencional. En este escenario, las inyecciones de dinero no logran incentivar la inversión, pues agentes económicos atesoran efectivo anticipando pérdidas futuras.
Según Keynes y Hicks, la trampa de liquidez surge por un aplanamiento exponencial de la curva de preferencia por la liquidez. Cuando los tipos son mínimos, la demanda especulativa de dinero acelera porque el riesgo de pérdida por alzas de tipos supera cualquier ganancia.
En este contexto, un banco central pierde efectividad al reducir el precio del dinero. Ni tasas cercanas al cero ni cuantitative easing impulsan la economía, y la masa monetaria adicional no fluye hacia proyectos productivos.
Las razones que conducen a una trampa de liquidez son múltiples y acumulativas:
La trampa de liquidez provoca un estancamiento económico prolongado y un ciclo de bajos niveles de actividad. Las empresas posponen proyectos mientras los consumidores reducen su gasto, anticipando precios aún más bajos.
Esta dinámica desemboca en presión deflacionaria y en un aumento de la desigualdad, pues los precios de activos financieros suben beneficiando a quienes ya poseen riqueza.
La globalización financiera ha propagado trampas de liquidez desde Japón hasta la Eurozona y EE.UU. Cuando una gran economía alcanza el límite inferior cero, exporta su efecto a través de flujos de capital y variaciones cambiarias.
Cuando las herramientas convencionales fallan, es necesario explorar medidas no tradicionales. Una de las más audaces es el helicopter money con inyección directa a hogares y empresas, que ataca la demanda real.
Además, políticas fiscales expansivas y coordinadas globalmente pueden dinamizar el gasto público y reactivar la inversión privada. Invertir en infraestructuras con alto retorno social ayuda a construir capacidad productiva.
La emisión de deuda pública segura emitida globalmente por países con alta credibilidad, como EE.UU., abastece de activos refugio y alivia la presión deflacionaria.
Finalmente, la inversión pública enfocada en eficiencia capital y reformas estructurales que reduzcan rigideces de precios y salarios promueven un entorno más dinámico para el sector privado.
La persistencia de la trampa de liquidez plantea el reto de reinventar la política económica. No basta con inyectar más liquidez; se requiere coordinación global y estrategias audaces que combinen política monetaria, fiscal y reformas estructurales.
Solo así será posible atajar el estancamiento económico prolongado y garantizar un crecimiento sostenible que reduzca desigualdades y fortalezca la estabilidad financiera mundial.
Referencias