Los mercados de carbono han emergido como una herramienta esencial en la lucha contra el cambio climático, ofreciendo un mecanismo económico para poner precio al aire que respiramos y canalizar recursos hacia proyectos de mitigación y adaptación. En un contexto global donde las emisiones siguen en niveles críticos, comprender su funcionamiento y potencial puede marcar la diferencia entre alcanzar objetivos climáticos y rebasar puntos de no retorno.
La transición hacia una economía baja en carbono no solo es una necesidad medioambiental, sino una oportunidad para redefinir modelos de negocio, fortalecer la competitividad y generar impacto social positivo en comunidades vulnerables.
Desde su surgimiento, los mercados de carbono se han dividido en dos grandes categorías: voluntarios y de cumplimiento. Los primeros están impulsados por empresas privadas y organizaciones que buscan financiamiento de proyectos climáticos con objetivos de responsabilidad social. Por su parte, los sistemas de cumplimiento, como los esquemas de comercio de emisiones (ETS), son regulados por gobiernos y aplican cuotas obligatorias a industrias clave.
En 2025, el mercado voluntario alcanzó un valor de $2.52 mil millones, con proyecciones que apuntan a crecer hasta $100-250 mil millones para 2030. Este crecimiento refleja un interés creciente por parte de corporaciones y fondos de inversión que ven en los créditos de carbono una vía para compensar emisiones y demostrar compromiso ambiental.
Sin embargo, más allá de cifras, estos mercados cubren alrededor del 28% de las emisiones globales, movilizando más de $100 mil millones en presupuestos públicos en 2024. Los países menos desarrollados, responsables de menos del 4% de las emisiones, utilizan estos mecanismos para financiar energía renovable, conservación de bosques y proyectos de protección de ecosistemas costeros como manglares, fundamentales para la captura de carbono y la resiliencia frente a tormentas.
La diversidad de créditos de carbono refleja la variedad de proyectos y prácticas disponibles. Los principales segmentos se agrupan en:
Para 2026, se espera una convergencia de estos segmentos, estructurada en tres bloques con indicadores de calidad clara y precios diferenciados: masivo (~140 Mt/año), cumplimiento (~25 Mt/año) y alto precio (orientado a remociones permanentes).
A medida que los mercados maduran, la estandarización de procesos de verificación y la aparición de calificaciones de calidad —como las evaluaciones CCP— facilitan la comparación y selección de créditos, participación ciudadana y empresarial más significativa.
El año 2026 será decisivo para los mercados de carbono, con varias regulaciones clave que entran en vigor:
La inclusión del transporte marítimo en el EU ETS no solo limitará emisiones de buques, sino que incentivará la adopción de combustibles alternativos como hidrógeno verde y biocombustibles, generando una renovación tecnológica en uno de los sectores con menores avances de descarbonización.
Analistas de Sylvera predicen una convergencia hacia estrategias por comprador, donde las empresas de cumplimiento buscarán opciones de bajo costo, mientras que las cooperaciones de larga trayectoria priorizarán calidad y durabilidad. Además, se proyecta una elevación del precio de los futuros CORSIA Phase 1 como consecuencia de la recuperación del sector aéreo y ofertas limitadas en países anfitriones.
Estos cambios regulatorios, combinados con acuerdos internacionales, configuran un escenario donde la acción climática se refuerza con mecanismos de cooperación global y responsabilidad compartida.
A pesar de sus beneficios, los mercados de carbono enfrentan críticas importantes sobre la sobreestimación del impacto real y riesgos de greenwashing. Un metaestudio reveló que solo el 16% de las reducciones reportadas corresponden a impactos verificables.
La lucha contra el greenwashing incluye también el empoderamiento de consumidores y ciudadanos para cuestionar ofertas de compensación poco transparentes, e impulsar iniciativas de datos abiertos y plataformas de seguimiento en tiempo real.
Estos hallazgos exigen transparencia y confianza pública, así como el desarrollo de metodologías robustas de cuantificación que eviten la emisión de créditos sin beneficios climáticos sustanciales.
Frente a estos desafíos, existe una oportunidad única para transformar los mercados de carbono en herramientas verdaderamente eficientes y justas:
- Fomentar la participación de comunidades locales en proyectos de carbono azul y reforestación, asegurando beneficios sociales y ambientales.
- Establecer estándares globales de integridad, promoviendo reglas claras de integridad y auditorías independientes.
- Incentivar la inversión en tecnologías CDR mediante políticas de crédito fiscal y contratos de compra a largo plazo.
- Impulsar la colaboración público-privada para financiar infraestructuras verdes en países menos desarrollados, reduciendo brechas de desigualdad y fortaleciendo su resiliencia climática.
En última instancia, valorar el aire que respiramos requiere la unión de esfuerzos colectivos: gobiernos, empresas, organizaciones civiles y ciudadanos deben sumar voluntades y recursos para alcanzar metas ambiciosas. Solo así, abrazando la innovación y la integridad, podremos avanzar hacia un modelo climático que no solo recupere carbono, sino que reconstruya la confianza en un sistema justo y eficaz.
Referencias