El año 2026 comienza para los mercados emergentes con una mezcla de esperanza y precaución, tras un 2025 de rendimientos excepcionales que superaron el 10% en muchos casos.
Este éxito, sin embargo, está ensombrecido por señales económicas contradictorias y tensión geopolítica que podrían poner en jaque la estabilidad monetaria.
La dependencia de la debilidad del dólar y las decisiones de la Reserva Federal crean un escenario donde cada movimiento cuenta.
Los mercados emergentes han demostrado una resiliencia notable, con un crecimiento proyectado del 5% anual para 2026, superando a las economías desarrolladas.
Esto atrae a inversores buscando altos rendimientos, pero la volatilidad monetaria representa un riesgo latente.
Las políticas divergentes entre Estados Unidos y Europa añaden capas de complejidad a este panorama.
Un dólar más débil, con caídas proyectadas del 5% al 8%, ha sido un motor clave para la apreciación de divisas emergentes.
Sin embargo, si la Fed reduce menos los tipos de interés de lo esperado, este impulso podría frenarse abruptamente.
Esta dualidad define la vulnerabilidad central que enfrentan estos mercados en el corto plazo.
La primera vulnerabilidad es la dependencia de las decisiones de la Fed, a pesar de los avances en credibilidad de los bancos centrales emergentes.
El nombramiento de un nuevo presidente para la Fed en 2026 introduce incertidumbre adicional que podría afectar los flujos de capital.
Historias pasadas muestran que los mercados emergentes son sensibles a shocks globales, con salidas de capital que deprecian divisas.
Si Estados Unidos entra en recesión, podría desencadenarse una retirada masiva de inversiones, perjudicando economías locales.
La volatilidad del dólar es otro factor determinante; aunque su caída del 8% en 2025 ayudó, un repunte podría revertir ganancias.
Instituciones como Citigroup ya aconsejan precaución, sugiriendo invertir solo en activos que resistan un dólar más fuerte.
A pesar de los riesgos, los mercados emergentes tienen fortalezas sólidas que ofrecen un contrapeso.
Bancos centrales más creíbles e independientes han mejorado la gestión de ciclos económicos, reduciendo la inflación y haciendo políticas más predecibles.
Esto se refleja en una consolidación fiscal que ha contenido riesgos soberanos y en mejoras netas en calificaciones crediticias para 2026.
Estos elementos construyen una base más resistente ante turbulencias externas.
La incertidumbre por políticas arancelarias erráticas de Estados Unidos y guerras comerciales prolongadas añaden presión.
China, atascada en un ciclo deflacionista, exporta exceso de capacidad, ejerciendo presión sobre industrias locales en otros países emergentes.
Estos riesgos requieren que los inversores estén atentos a cambios regulatorios y dinámicas internacionales.
Países como Brasil muestran patrones únicos: ha avanzado hacia recortes de tasas tras un endurecimiento para frenar inflación, pero su economía es menos expuesta al comercio internacional.
Esto le da impulso doméstico, pero también lo hace dependiente de dinámicas internas.
Estos ejemplos ilustran cómo las vulnerabilidades varían, requiriendo análisis caso por caso.
Instituciones financieras tienen expectativas optimistas pero cautelosas para 2026.
JPMorgan espera revalorización de precios y recaudación de "carry" en divisas emergentes, mientras BofA proyecta rendimientos de dos dígitos para bonos en divisa fuerte.
Citigroup anticipa una rentabilidad total del 5% para bonos emergentes, destacando rendimientos reales muy elevados como atractivo clave.
Estos datos subrayan el potencial, pero también la necesidad de gestión de riesgos.
Firmas como Pictet AM apuestan fuerte por mercados emergentes, citando una alineación favorable de factores.
Morgan Stanley predice beneficios por debilidad del dólar e inversión en IA, mientras JPMorgan recomienda mantener bonos en moneda local.
Estas tendencias ofrecen guías para inversores que buscan maximizar rendimientos mientras mitigan riesgos.
Para aprovechar las oportunidades y minimizar riesgos, es esencial adoptar un enfoque estratégico.
Primero, diversificar inversiones entre diferentes mercados emergentes y clases de activos, como deuda local y bonos en dólares.
Esto ayuda a reducir la exposición a shocks específicos y a capitalizar las fortalezas locales.
Segundo, monitorear de cerca las decisiones de la Fed y los indicadores económicos globales.
Cambios en la política monetaria estadounidense pueden tener efectos inmediatos, por lo que estar informado es clave.
Tercero, considerar plazos de inversión a largo plazo, ya que los mercados emergentes ofrecen crecimiento sostenido pero con volatilidad a corto plazo.
Finalmente, mantener una actitud resiliente; históricamente, estos mercados han superado crisis, y con estrategias sólidas, pueden continuar haciéndolo.
La vulnerabilidad monetaria no debe disuadir, sino inspirar a actuar con prudencia y visión.
Al enfocarse en fundamentos sólidos y adaptarse a cambios, inversores y economías pueden prosperar en este entorno dinámico.
El futuro de los mercados emergentes está lleno de promesas, y con las herramientas adecuadas, se puede convertir la vulnerabilidad en ventaja.
Referencias