Las monedas digitales de banco central (CBDC) están transformando el panorama financiero global, impulsadas por la búsqueda de mayor eficiencia, inclusión y competitividad. Frente al avance vertiginoso de las criptomonedas descentralizadas y las stablecoins privadas, muchos países exploran este nuevo instrumento con el objetivo de modernizar sus sistemas de pago. En este artículo analizaremos los conceptos básicos, el estado actual de proyectos en distintas regiones, los motivos que animan a las autoridades monetarias y las consecuencias económicas y tecnológicas que podrían derivarse.
Una CBDC es una forma digital de la moneda soberana emitida y respaldada por el banco central, concebida como equivalente al efectivo pero en formato electrónico. Su curso legal permite que actúe como medio de pago, unidad de cuenta y depósito de valor, de manera similar al dinero físico.
Es importante diferenciarla de otros activos digitales. A diferencia de las criptomonedas descentralizadas, que carecen de un emisor único y suelen presentar volatilidad muy elevada y riesgos de seguridad, la CBDC garantiza estabilidad y confianza al estar respaldada por el Estado. Frente a las stablecoins emitidas por entidades privadas, evita la incertidumbre sobre reservas y regulación. Y, en comparación con el dinero bancario comercial, se trata de un pasivo del banco central, con liquidez directa y sin riesgo de contrapartida intermediaria.
En cuanto a su arquitectura, existen tres modelos principales: directa, en la que el banco central gestiona cuentas de usuarios; intermediada o híbrida, que delega la atención al cliente en bancos y fintech; y basada en tokens, donde circulan unidades digitales con propiedad criptográfica. Además, las CBDC pueden ser minoristas, orientadas al público general, o mayoristas, reservadas a instituciones financieras para liquidaciones de alto volumen.
Más de 130 jurisdicciones, que representan alrededor del 95–98 % del PIB mundial, están investigando o desarrollando CBDC en diversas fases. Algunas ya han lanzado sus proyectos al público, mientras que otras se hallan en pruebas piloto avanzadas.
Las proyecciones más optimistas indican que el valor anual de pagos procesados con CBDC podría crecer de unos cientos de millones de dólares en 2023 a más de 200.000 millones en 2030. Sin embargo, encuestas internas de bancos centrales reflejan preocupaciones sobre la adopción, especialmente en mercados emergentes. En Europa, Reino Unido y Estados Unidos, cerca del 15–20 % de los consumidores creen que las CBDC se convertirán en un medio de pago dominante.
En Latinoamérica destacan los proyectos en Ecuador y Brasil, centrados en mejores pagos interbancarios. En África, Ghana y Sudáfrica prueban soluciones híbridas para impulsar la inclusión rural. Japón, Corea del Sur y Canadá exploran prototipos para pagos de bajo importe y liquidaciones nocturnas. Cada experiencia aporta lecciones sobre usabilidad, seguridad y gobernanza.
Las autoridades monetarias persiguen diversos fines al impulsar CBDC. Entre los más destacados, podemos enumerar:
En muchos países en desarrollo, las CBDC facilitan subsidios directos y trazabilidad de fondos. Mientras, en economías avanzadas, el foco está en complementar los sistemas de pago existentes y mantener el efectivo como respaldo.
La introducción de una CBDC puede alterar profundamente la relación entre bancos comerciales, empresas y usuarios. Uno de los riesgos más debatidos es la posibilidad de corridas digitales sobre depósitos bancarios en momentos de estrés, si los clientes prefieren mover sus fondos al banco central.
En la política monetaria, la CBDC abre la puerta a instrumentos de gran precisión, como tasas diferenciadas según el tipo de usuario o el nivel de saldo. Aunque prometedor, este enfoque enfrenta debates sobre privacidad y posibles distorsiones en el comportamiento de los ahorradores.
Desde la perspectiva de estabilidad financiera, es vital establecer robustos esquemas de gobernanza y ciberseguridad. Un ciberataque a la infraestructura de la CBDC podría tener efectos sistémicos instantáneos.
El diseño de una CBDC combina varias tecnologías avanzadas para garantizar velocidad, seguridad y escalabilidad. Entre ellas destacan:
Los proyectos de “múltiples CBDC” en Asia y Oriente Medio prueban redes compartidas que reducen costos y tiempos frente al sistema corresponsal tradicional. Por su parte, el diseño de monederos offline promete llevar servicios financieros a zonas sin conexión permanente.
En definitiva, las monedas digitales de banco central emergen como un instrumento poderoso con potencial para redefinir la arquitectura monetaria y ofrecer beneficios en eficiencia, inclusión y soberanía. Su despliegue implica complejos retos de diseño, regulación y adopción, que varían según el contexto económico y tecnológico de cada país.
Al avanzar en su implementación, los bancos centrales deben equilibrar innovación y riesgo, construyendo infraestructuras resilientes que protejan tanto la seguridad financiera como la privacidad de los usuarios. De esta forma, las CBDC podrán convertirse en un complemento sólido al efectivo y en un catalizador de la modernización global de pagos.
Referencias