En un mundo que redefine constantemente sus alianzas y cadenas de valor, reconfiguraciones geopolíticas favorecieron a EE.UU. y Asia, desafiando paradigmas previos de inversión. Frente a esta realidad, América Latina y el Caribe avanzan con dinamismo, y Colombia se posiciona como un destino estratégico para el nearshoring global.
En 2024, los flujos mundiales de inversión extranjera directa (IED) descendieron un 11%, ubicándose en 1,5 billones de dólares. No obstante, algunas regiones registraron crecimientos notables: EE.UU. aumentó sus entradas en un 19,6%, mientras Asia sumó un 10%. Estas cifras reflejan políticas como la CHIPS and Science Act, enfocadas en semiconductores y energías renovables.
América Latina y el Caribe mostraron una recuperación vigorosa: la IED creció un 7,1%, alcanzando aproximadamente 189.000 millones de dólares, lo que representa el 2,8% del PIB regional. Este ascenso, aunque positivo, se sitúa aún por debajo del promedio histórico del 3,3%, y la participación en la formación bruta de capital fijo cayó a 13,7%.
La concentración de flujos en Brasil y México, y el peso de servicios (40%) y manufacturas, evidencian desafíos y oportunidades diferenciales por país. Aunque los grandes megaproyectos de hidrocarburos sostienen una parte del interés, las renovables han perdido terreno relativo en la región.
Colombia ha apostado por las zonas francas como incentivo tributario y aduanero predictible, acumulando más de 54,8 billones de pesos en inversión y generando más de 169.000 empleos formales. Con 119 zonas activas en 20 departamentos, el país ofrece acceso a corredores logísticos, puertos en el Caribe y el Pacífico, y talento calificado.
Recientemente, el Ministerio de Comercio, liderado por la Ministra Diana Marcela Morales, impulsó la integración de micro y pequeñas empresas como proveedoras en estas zonas, integración de PYMES como proveedoras y formalización del empleo regional. ProColombia y la ANDI presentaron un directorio bilingüe que facilita información estratégica: infraestructura, conexiones, contactos y sectorización.
Este enfoque busca consolidar una plataforma exportadora sofisticada y dinámica, alineada con las tendencias de nearshoring y reindustrialización.
La experiencia de otros países y regiones ofrece lecciones valiosas para optimizar estrategias de atracción de IED. A continuación, una comparación sintética de modelos exitosos:
Las tendencias proyectan oportunidades en varios sectores que congregan talento, tecnología y sustentabilidad. El nearshoring incentiva la localización de:
En paralelo, la demanda de soluciones logísticas eficientes y la consolidación de cadenas de suministro regionales constituyen un poderoso motor para el desarrollo económico y social.
Pese al crecimiento, la región enfrenta trampas del desarrollo definidas por la CEPAL: baja capacidad de crecimiento, alta desigualdad y debilidades en gobernanza. En Colombia, la concentración geográfica y sectorial persiste, aunque la diversificación en zonas francas apunta a mitigar estos retos.
La perspectiva de IED saliente también abre canales para que empresas colombianas escalen como multilatinas, aprovechando su experiencia local y ampliando su huella en mercados globales.
Mirando hacia 2026, Colombia está en el umbral de consolidar sus zonas francas como palancas estratégicas para la internacionalización. La unión de políticas públicas estables, incentivos precisos y la integración de PYMES puede transformar las dinámicas de inversión.
La sinergia entre el sector privado, el gobierno y organismos multilaterales será clave para sostener el crecimiento de la IED, generar empleo de calidad y fomentar una reindustrialización sostenible. Con visión y acción coordinada, Colombia puede erigirse como el hub latinoamericano de inversiones del futuro.
Referencias