El concepto de riesgo moral revela cómo la asimetría informativa entre prestamista y prestatario puede distorsionar decisiones y generar vulnerabilidades en el sistema financiero. Cuando las instituciones saben que un respaldo externo les cubre pérdidas, tienden a adoptar políticas de riesgo más agresivas, amenazando la estabilidad económica global.
El riesgo moral ocurre cuando un agente modifica su conducta tras firmar un contrato, confiando en que otro asumirá el costo de sus decisiones. Esta situación surge comportamiento imprudente tras la transacción, pues la parte cubierta olvida las consecuencias potencialmente negativas.
La raíz de este fenómeno es la asimetría de información: unos cuantos conocen detalles clave y pueden explotar esa ventaja. Al no enfrentarse directamente a las pérdidas, estos agentes cambian estrategias en su beneficio y en detrimento de la parte protegida.
Los gobiernos a menudo ofrecen una garantía implícita de rescate para evitar un colapso financiero. Esta prerrogativa impulsa a los bancos a asumir riesgos elevados, pues saben que, en caso de quiebra, existiría un rescate gubernamental con fondos públicos.
El término “demasiado grandes para quebrar” describe a las entidades cuyo tamaño y conexiones las convierten en esenciales para la economía. Cualquier intervención admite su salvamento, generando un círculo vicioso: más riesgos a cambio de mayor protección.
El episodio más emblemático de riesgo moral en el sector bancario se vivió con la crisis iniciada en 2007. Bancos empaquetaron hipotecas de alto riesgo junto a préstamos tradicionales y los vendieron como productos seguros a otras instituciones.
Este rescate masivo generó un precedente: la expectativa de futuros auxilios reforzó la conducta de asumir proyectos especulativos, creando incentivos perversos en instituciones financieras de gran tamaño.
El riesgo moral afecta la eficiencia del mercado al distorsionar la asignación de recursos. Se producen ciclos reiterados de auge y caída, subiendo el costo de los rescates para los contribuyentes y dañando la confianza en el sistema.
Además, la percepción de impunidad promueve un entorno donde las entidades financieras operan sin el temor necesario de consecuencias graves.
Para contener este desequilibrio, es esencial diseñar mecanismos de supervisión y regulación adecuadas que alineen los intereses de agentes y reguladores. Entre las medidas más efectivas se incluyen:
La imposición de deducibles, coaseguro y límites en apalancamiento también ayuda a equilibrar la relación riesgo-recompensa y a disminuir comportamientos oportunistas.
El riesgo moral es un desafío persistente que se expande más allá de la banca, llegando a seguros y mercados de crédito internacionales. La experiencia demuestra que sin un transparencia y rendición de cuentas constantes, cualquier intervención de rescate puede transformarse en un incentivo contraproducente.
La clave reside en construir un marco mixto donde la protección estatal se combine con la disciplina del mercado y la responsabilidad compartida de instituciones, reguladores y gobiernos. Solo así se podrá salvaguardar la estabilidad financiera y evitar que la garantía del banco central se convierta en un arma de doble filo.
Referencias