Las tasas de interés cercanas o iguales a cero han sido la herramienta estrella de los bancos centrales en las últimas décadas. Desde Japón hasta la zona euro, pasando por Estados Unidos, esta política ha buscado reactivar economías sumidas en crisis. Sin embargo, el estímulo no es infinito y acarrea retos crecientes.
Para comprender la relevancia de las tasas cero, es fundamental distinguir entre tasa nominal y tasa real. La tasa nominal es el interés anunciado, mientras que la real se deriva al restar la inflación. Con inflación positiva, una tasa nominal cercana a cero puede convertirse en tasa real negativa con inflación, incentivando el gasto.
El concepto de zero lower bound refleja el límite nominal en torno a 0 %, aunque tras la crisis de 2008 varios bancos centrales experimentaron incluso con tipos negativos. Históricamente:
La finalidad principal de fijar tasas casi nulas es abaratar el crédito para hogares y empresas y evitar la caída de precios. En concreto, busca:
El zero interest rate policy (ZIRP) suele ir acompañado de quantitative easing masivo y señales prolongadas de tipos bajos para anclar expectativas.
Los impactos de las tasas cero se canalizan a través de diversos actores:
Para los ahorradores conservadores, los depósitos pierden atractivo y poder adquisitivo. Las empresas, en cambio, ven viable proyectos que antes no lo eran, especialmente en sectores intensivos en capital.
Si bien el estímulo busca reactivar la economía, acarrea consecuencias:
Cuando las tasas ya no incentivan más crédito, aparecen nuevos límites:
1. Límites económicos: la demanda puede estar saturada o los agentes excesivamente endeudados.
2. Límites financieros: trampa de liquidez y expectativas pesimistas pueden anular el efecto de tipos cero.
3. Límites políticos y sociales: crece la percepción de que el estímulo favorece a los propietarios de activos, exacerbando la desigualdad patrimonial.
4. Límites institucionales: los mandatos de estabilidad y pleno empleo pueden entrar en conflicto con el mantenimiento prolongado de tipos cero si generan distorsiones.
En el horizonte, surgen debates sobre la convergencia hacia un interés neutral real cercano al 0–1 %, lo que en condiciones de inflación del 2 % implicaría tipos nominales de 1,5–3 % para no distorsionar la economía.
Para ir más allá de los límites de la política monetaria, se requieren herramientas adicionales:
La combinación de estímulos monetarios y fiscales puede evitar atascos macroeconómicos y garantizar una recuperación más sólida.
Las tasas de interés cero han servido como salvavidas en momentos críticos, pero no son una panacea. El verdadero desafío reside en evitar la dependencia excesiva del estímulo monetario y reforzar las políticas estructurales que impulsen el crecimiento sostenible.
Mirando al futuro, los formuladores de políticas deberán equilibrar cuidadosamente estabilidad de precios, estabilidad financiera y equidad social. Solo así será posible aprovechar las lecciones de Japón, Estados Unidos y la zona euro, y diseñar un modelo de recuperación resiliente.
En última instancia, el estímulo al 0 % no es un fin en sí mismo, sino una palanca para alcanzar una economía más dinámica, inclusiva y capaz de afrontar los desafíos del siglo XXI.
Referencias